martes, 29 de agosto de 2017

Perorata del carpintero en La virgen crucificada.

Obra de Jorge Restrepo


Nadie en Barbosa podía explicar el fenómeno del bandolerismo mejor que el carpintero. Portándose cual vendedor callejero de pomadas les explicaba a sus clientes que la insurrección armada en Colombia era de lo más estúpido que se habían podido inventar los politicastros del país.

—Pero más estúpidos —decía crispando una mano y apretando los dientes— son los campesinos que se dejaron meter los dedos en la boca de los jefes godos y cachiporros. Para la muestra un botón. Los muy mentados llaneros liberales con el cuidador de vacas Guadalupe Salcedo a la cabeza. Este centauro de nacimiento y pendejo de olfato, se dejó calentar el oído de la casa Lleras, compuesta por bajitos, calvos y colmilludos, que tan pronto vio que no le servía lo dejó colgado de la soga, para decirlo con palabras de su propio entorno. Ahí le acaban de torcer el destino al vaquero. En lugar de haber muerto en su inexpugnable llanura, montado en su caballo bayo, cayó acribillado por las balas de sus enemigos al pie de un carro de ocho cilindros, lejos muy lejos de sus mugientes vacas. Otro pendejo que anda de arriba para abajo quemando ranchos y mochando cabezas es Efraín Gonzáles, sin ninguna duda azuzado por los godos de cuello blanco. Ya veremos el bello final que le tienen reservado sus patrocinadores de corbata azul. De igual manera don alias Sangrenegra, primero liberal y luego rey de desalmados. Por su culpa muchos han ido a la tumba con la lengua puesta de corbata. El destino que sus mecenas le tienen preparado no augura nada bueno. Eso para no echar lengua del temido Capitán Franco a quien lo tienen temblando de frío en las mazmorras de Tunja. Ya nadie se acuerda de los favores que les hizo a los gamonales antioqueños. Dicen las malas lenguas que el tristemente famoso chusmero llamado “Tirofjo”, además de tener siete marranos y cuatro gallinas, tiene las vidas de nueve gatos. Veremos cómo acabará. Si sigue así va a terminar sirviéndole a los rusos o muerto en una emboscada preparada por sus antiguos orientadores. Porque para pendejo él. Otro caído del zarzo es el apodado Chispas, liberal por obligación, matón porque no le dieron otra alternativa. Anda sembrando la muerte por las montañas del Tolima. Pese a su poco seso, hace bien en desconfiar de las treguas y el juego de los políticos de vestido de paño y corbata de dos colores. Lo único que ha descubierto es que en este país la justicia es solo para los de alpargata y ruana. Sin embargo su destino no escapa del ajedrez diabólico de curas y sargentos manipuladores. Si lo llegan a matar en jurisdicción de Barbosa, no me sorprendería que nuestro cura lameculos lo excomulgue y le niegue sagrada sepultura. Si lo hizo con su santidad que a nadie ofendió, por qué no habría de hacerlo con alguien que lleva un costal de muertos al hombro. Politicastros cachiporros y godos, revuélvanse en la sangre que han derramado para robar a gusto. Al odio político que azuzaron para usurparles la tierra a los pobres campesinos, le han puesto nombres extravagantes como si fueran sus propias conciencias. Creyeron que poniéndole sobrenombres terroríficos a sus secuaces iban a ganar más fácil. Pero ahí tienen, señores políticos de mierda, para que repartan los remoquetes con sus madres, si quieren. “Sangrenegra” la del despiadado Mariano Ospina Pérez, “Pájaro Azul” igual que el monstruo Laureano Gómez, “Tarzán” como el falso cristiano Crisanto Duque, “Chispas” las que echaron por el culo todos los Lleras, “Capitán Veneno” para el cura de Barbosa, “Alma Negra” la de Guillermo León Valencia y su quijada de burro, “Zarpazo” la mano de todos los potentados, “Charro Negro” el hueco por donde nació el putrefacto Rojas Pinilla y sus militares, “Mariachi” el que le daba serenata a la madre del alcalde, “Peligro” por donde nacieron los que callaron, “General Vencedor” la abuela de los asesinos que creyeron en los cortes franela. Que la madre de todos los que siembran el campo de cruces y lágrimas que se metan por el trasero a “Tijeras”, “Pájaro Verde” “Siete Colores” y “Revolución”. Lo más triste de toda esa inmundicia que tiene al país sumido en el cataclismo, es que de ahí nacerán los buitres carroñeros del futuro. Este país, mis amigos, está hecho de robos y éxodos. Acuérdense que no hace mucho destruyeron en nuestras propias narices el barrio de invasión. Así han querido, y las ganas no las pierden, de dejar el país a ras de tierra como dejaron las casas de cartón de los desplazados.


La irreverente perorata que el carpintero solía recitar a sus clientes no surtía efecto alguno en ellos. Hubo comentarios a media voz de algunos que consideraron que el hábil tablajero tenía cepillada la cabeza por su propia garlopa. Eso de tener tanta mujer que cuidar por ahí, hace que se pierda el seso, murmuraba la mayor parte del vecindario.

miércoles, 26 de julio de 2017

Las volteretas de la vida


Un par de semanas después de haber arribado, en compañía de mi pequeño hijo, al campamento de refugiados de Moheda, el director me mandó a llamar con el intérprete.
―¿En qué piensas trabajar acá en Suecia? ―me preguntó sin aspavientos después del saludo.
―En lo que me gusta y he estudiado con muchas dificultades, la abogacía ―respondí lleno de ilusiones.
El director, un rubio rollizo a quien se le notaba en su postura veraniega la experiencia de los embistes burocráticos, pareció sonreír al abrir la boca de nuevo:
―Si quieres trabajar como abogado en Suecia primero debes leer, escribir y expresarte muy bien tanto en sueco como en inglés. Y luego de que hayas superado esa barrera idiomática puedes homologar tus estudios jurídicos realizados en Bolivia.
―En Colombia ―me apresuré a corregir―. Estudié Derecho y Ciencias políticas en la Universidad Nacional de Bogotá.
―Bueno, eso Colombia ―prosiguió―. Cuando ya tengas esos requisitos tienes que solicitar un cupo en cualquiera de nuestras facultades de leyes y estudiar allí durante dos años la normatividad sueca. Es bueno que sepas que solo el uno por ciento de los cupos universitarios está disponible para estudiantes foráneos. En caso de que corras con suerte y seas admitido y, por supuesto, aprobado el curso tienes que practicar durante otros dos años en alguna firma de abogados. Eso sí, no sin antes haber adquirido la ciudadanía sueca pues según nuestras actuales leyes ningún extranjero puede ejercer el oficio de abogado.

Hace poco viajé a Moheda. Para mi tristeza ya no existía el campamento de refugiados.
El director permaneció en silencio esperando mi reacción a sus palabras. Pero yo en ese instante sólo pensaba en lo fácil que alguien puede destruir las ilusiones de otra persona. Desde joven había soñado con ser un fogoso abogado penalista. Tanto anhelaba serlo que muchas veces, y antes de ser admitido en la universidad,  me paraba frente a un gran espejo a pronunciar con fe arrolladora alegatos de imaginadas audiencias. Mis palabras bien entonadas volvían añicos los argumentos de la contraparte. Pero siempre hay alguien que se orina en el vaso donde bebe el sediento. En mi caso fueron los torturadores de la Brigada de Institutos Militares de Bogotá quienes para encubrir un uxoricidio me acusaron falsamente de ser uno de los matones de la señora Gloria Lara. Un par de meses antes de esta alevosa acusación había alquilado una pequeña oficina en el centro de la ciudad, con el fin de hacer realidad mis sueños de litigante. Los chafarotes apenas si me habían dejado saborear para siempre el tan anhelado oficio del litigio ya que ahora me encontraba frente al director del campamento de refugiados quien con su crudo positivismo luterano me ofrecía una insospechada alternativa para ganarme el pan del día en Suecia.
―Así que olvídate de la abogacía ―continuó―. En este momento Suecia necesita mano de obra en la industria. Lo mejor que puedes hacer es estudiar tornería a la par de nuestro idioma.
Así fue como detrás de un torno industrial vi caer la nieve, por primera vez, a través de los grandes ventanales de un taller de aprendizaje. Dos años más tarde con el diploma de torneador bajo el brazo pasé a engrosar las filas del proletariado sueco. Mi nuevo oficio consistía en manejar una enorme máquina de cuchillas que convertía colosales cilindros de papel en rollos de papel higiénico.  Al solicitar membresía en el sindicato sentí orgullo de pertenecer a la clase obrera en si.  Pero al cabo de tres años la nostalgia de los estrados judiciales me hizo sentir enormes deseos de pertenecer a la clase obrera para si.

Mi carné de miembro del sindicato
Por fortuna en una asamblea del sindicato cayó en mis manos un folleto donde se describía de manera sucinta las obligaciones del patrono con los trabajadores. Si un obrero, daba a entender el prospecto laboral, no sabía leer ni escribir el patrón estaba en la obligación de mandarlo a estudiar devengando sueldo. Entonces silogicé que si mis estudios no tenían ninguna validez en Suecia podría por lo tanto concluir que no existían. Así que sin pensarlo dos veces les solicité a los dueños de la fábrica que me mandaran a estudiar. Ni yo mismo lo creía cuando de la noche a la mañana estaba sentado en un pupitre de la escuela superior para adultos, aprendiendo las tablas de multiplicar en sueco.


En la escuela Rosenlundsfölkhögskolan, donde estudié el bachillerato,
con los profesores y compañeros de clase
En aquel centro escolar terminé sin muchos contratiempos el bachillerato acelerado. Volví a sonreír, sobre todo al haber descubierto el mundo literario de los nórdicos. Pero como no me resignaba a tener que olvidar los estudios jurídicos entré a la universidad a estudiar las leyes suecas de protección social. Y de puro ambicioso y a sabiendas de que acá la universidad es gratuita y además le pagan una mensualidad apropiada a los estudiantes, decidí a la par del estudio de leyes estudiar ciencias de la literatura. Culminé rozando las dos carreras y por supuesto nunca más volví a la fábrica de papel higiénico sino que por aquellas cosas absurdas de la vida terminé trabajando en el engranaje jurídico de Suecia. Ah, y de vez en cuando dicto charlas sobre las metáforas de los vikingos.
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Víctor Rojas
Jönköping, 26 de julio de 2017

sábado, 27 de mayo de 2017

LA ESFERA DE LOS DESENCUENTROS


Aquel diciembre de 1996 viajé, en un ruinoso bus, de Managua a San Salvador fustigado por esas absurdas tareas que la poesía nos asigna de cuando en cuando. Había viajado a Centroamérica en busca de testimonios para una serie de artículos, sobre poetas latinos insurrectos, que había prometido entregar a la revista sueca Folket i Bild. Asimismo añoraba recorrer las ruidosas calles que anduvo Roque Dalton, aquel vate del cual hablaban con sentimiento los refugiados salvadoreños con quienes yo había compartido días de exilio en el campamento de Moheda, al sur de Suecia. Varios de esos transterrados guanacos eran oriundos de La Palma, pueblo rulfiano que por supuesto también quería conocer en mi visita al “Pulgarcito de América latina”. Tenía especial interés en ir a la casa del pintor Fernando Llort y contarle que su cruz de cerámica que había enviado a Suecia para adornar la tumba de un adolescente, coterráneo suyo, se había convertido en un elemento que despistaba por sus figuras de vivos colores a los dolientes que visitaban el camposanto principal de Jönköping.
Pero volviendo a nuestro tema, El Salvador por esos días aún se encontraba en ese estado incierto en que quedan los países después de una larga guerra. Los jóvenes de la capital procuraban encontrar de nuevo la alegría y la buena charla en humosos bares recién inaugurados en la cercanía de la Universidad Nacional, sobre la avenida que conduce a San Antonio Abad. En vista de que no pude visitar La Palma, porque las empresas de alquiler de coches consideraban que la carretera al pueblo tenía demasiados y pronunciados baches, decidí dar una vuelta nocturna por esos nacientes bares en compañía de la poeta Aída Párraga. Recuerdo que no se escuchaba en aquellos improvisados establecimientos la melcochosa música de los vallenatos colombianos ni las canciones protesta que tanto enhebraron a los jóvenes utópicos de la gran América  Latina en los años  70. Ni de riesgo. Parecía que por orden sacramental sólo se podía escuchar el insufrible sonsonete de La Macarena. Como sea, a eso de la medianoche fuimos a parar a una silenciosa taberna llamada Mallinali. Allí lo único que adornaba las paredes era un puñado de poemas garabateados y firmados por Otoniel Guevara. Para mi sorpresa era el propio poeta el amo y señor del local que a su vez era su mesa de trabajo y el espacio donde compartía con su familia. En el primer intercambio de impresiones el anfitrión me pareció un lobo solitario, una especie de derrota acorralada. Esa noche hablamos poco, quizás porque en el mustio ambiente flotaba la sensación de que en El Salvador nada había pasado empero la valentía y gran sacrificio con que los personajes del roquedaltiano Poema de amor habían enfrentado la brutalidad estatal durante la guerra. Tocamos, eso sí el tema de la firme creencia que profesan los guanacos a la brujería pero también el espinoso tema de los otrora guerreros agazapados en Guazapa, allá donde “el cielo se amamanta colgado del pezón de las montañas”.
Salí de aquel grácil lugar con los cuatro poemarios que Otoniel Guevara había publicado hasta ese entonces. De ese arrume de poemas escogí tres para traducirlos al sueco e incorporarlos en una tesina sobre la llamada poesía exteriorista latinoamericana que escribí para la Universidad de Gotemburgo años más tarde. Escogencia acertada porque la poética de Otoniel Guevara encuadra sin ningún roce en los parámetros de los versos comprometidos con la denuncia, las aspiraciones de los pueblos por la democracia y el estado de bienestar social.
Después de aquella noche de taberna triste no volví a saber del decepcionado Otoniel Guevara. Tres años más tarde nos volvimos a encontrar en el Festival Internacional de Poesía de Medellín.  El intenso ajetreo lírico de ese momento no nos permitió compartir como debiéramos haberlo hecho. Fue un encuentro apurado, como dije, pero que nos sirvió para confirmar que éramos cómplices irremediables en la búsqueda de versos esquivos.
Tendrían que pasar dos años más para volver a vernos. Eso sucedió en el Festival de Poesía de la Habana. Allí también el encuentro fue efímero y donde terció el bardo tolimense Gonzalo Escobar Téllez quien estrenaba sus Poemas para una cama cósmica, editados por Simon Editor, la misma editorial nórdica que ahora publica Mazatsihua, vocablo nahuat que en este caso deja de ser su real significado de mujer ciervo para convertirse en un recorrido por los poemas anteriormente publicados por Otoniel Guevara.
Años después, y gracias a que el mundo se achicó considerablemente con el gigantesco avance de la tecnología, recibí un correo de Otoniel Guevara quien me animaba para que le colaborara con artículos para el suplemento literario Tres mil del cual él era editor responsable. Así que, como es de suponer, cuando Otoniel Guevara renuncia a la jefatura de dicho suplemento, volvemos a entrar en la esfera de los desencuentros. El magnífico Jorge Luis Borges nos enseñaba que las amistadas no necesitan de frecuentarse para perdurar. Y yo creo que es así, que los amigos, como decimos en Suecia, son como las estrellas que aunque uno a veces no las ve sabe que siempre están ahí.

Víctor Rojas


domingo, 26 de marzo de 2017

Los talladores del viento

Con estos versos del poeta Per Wästberg y una propuesta de portada para el libro, que espero no falte en su biblioteca a partir de mayo, les deseo un feliz domingo.

Tenía catorce años y rechacé los consejos de mi padre: “Nunca digas
a una chica `tú eres muy inteligente´, dile `la punta de tu nariz me vuelve loco´.
No olvides que el amor es una forma depurada de la estupidez”.

sábado, 25 de marzo de 2017

Tomas Tranströmer



En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2017 se presentará una voluminosa muestra de poesía sueca llamada Los talladores del viento. La selección y traducción de dicho proyecto lírico está a mi cargo. El libro aparecerá bajo el sello de la editorial Uniediciones, en la colección Zenócrate. Dicha publicación cuenta con las caricaturas de los poetas seleccionados. Dichas caricaturas han sido creadas por el maestro Jorge Restrepo, dibujante de la revista Semana y el diario El País de España.

Uno de los poetas participantes es Tomas Tranströmer quien creció en un barrio obrero de Estocolmo. Empezó a escribir siendo aún niño. A los trece años, publicó su primera colección de poemas (Diecisiete poemas). Aprendió a tocar el piano y estudió psicología e historia de la literatura en la Universidad de Estocolmo. Se desempeñó como psicólogo de reos en una de las cárceles de Suecia.  En 1990 sufrió una hemiplejía que afectó su movimiento corporal y el habla, aunque continuó escribiendo y tocando el piano con la mano izquierda. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 2011. Falleció a la edad de 83 años.

Heredé un bosque oscuro al cual rara vez voy. Pero vendrá el día en
que los muertos cambien de lugar con los vivos. Entonces el bosque se
pondrá en movimiento. No estamos sin esperanza. Los crímenes más
execrables quedan sin esclarecerse pese a los aportes de muchos
policías. De la misma forma hay en alguna parte de nuestra vida un
gran amor sin esclarecer. Heredé un bosque oscuro pero hoy camino en
otro bosque, el relucido. ¡Todo ser viviente que canta, serpentea
mueve la cola y se arrastra! Es primavera y el olor es fuerte. Tengo
examen en la universidad del olvido y las manos vacías como la camisa
en la cuerda de tender la ropa.


viernes, 24 de marzo de 2017

Per Wästberg


En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2017 se presentará una voluminosa muestra de poesía sueca llamada Los talladores del viento. La selección y traducción de dicho proyecto lírico está a mi cargo. El libro aparecerá bajo el sello de la editorial Uniediciones, en la colección Zenócrate. Dicha publicación cuenta con las caricaturas de los poetas seleccionados. Dichas caricaturas han sido creadas por el maestro Jorge Restrepo, dibujante de la revista Semana y el diario El País de España.

Uno de los poetas participantes es Per Wästberg quien nació en la ciudad de Estocolmo. A la edad de 15 años debutó como escritor con el libro de cuentos: Joven con burbujas de jabón. Graduado en la Universidad de Harvard, USA, continuó sus estudios en la Universidad de Uppsala, Suecia donde se especializó en literatura africana. Es ampliamente reconocida su lucha contra la represión racista en Sudáfrica. Fundador de Amnistía Internacional en Estocolmo. Durante un decenio fue presidente del PEN Club. En 1997 es elegido miembro de la Real Academia Sueca. Per Wästberg es autor de más de 50 libros compuestos de novelas, ensayos, poemas y cuentos.


Cada mañana a las 8 y 11 horas del desayuno escuchaba
pasar tu tren por el viaducto rumbo al centro sobre la autopista.
Sentía que tú mirabas hacia donde me encontraba.
Los ganchos de las ventanas cantaban que tú existías,
me preguntaba qué harías ese día
y si dormiríamos juntos alguna noche.

Sabía lo rápido que te ponías la capa
y lo retardada que llegabas a cada encuentro.
Llevabas un pájaro colgado al cuello que tú compraste para ti misma
y un anillo al dedo que recibiste de tu marido.
Me escondí en ti como en una casilla secreta de un escritorio.

Los mayas contaban 584 días en un año:
Orbita de Venus alrededor de la tierra.
Cuando miro a través de la ventana de la cocina
te diviso con la basura camino al trabajo.
De nuevo son las 8 y 11.
Haz un guiño con el pañuelo, querida,
aunque pertenezcas a los oficinistas
que escriben cifras en la palma de la mano.

Porque ahora hemos dormido juntos
durante tres mil y una noche
y contado todo lo que ha sucedido
en igual cantidad de días.
El pájaro ha desaparecido,
el anillo cambiado y los niños crecieron.
Llegas tarde como siempre
pero al fin y al cabo llegas y te quedas.


jueves, 23 de marzo de 2017

Pär Lagerkvist


En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2017 se presentará una voluminosa muestra de poesía sueca llamada Los talladores del viento. La selección y traducción de dicho proyecto lírico está a mi cargo. El libro aparecerá bajo el sello de la editorial Uniediciones, en la colección Zenócrate. Dicha publicación cuenta con las caricaturas de los poetas seleccionados. Las caricaturas han sido creadas por el maestro Jorge Restrepo, dibujante de la revista Semana y el diario El País de España.

Uno de los poetas participantes es Pär Lagerkvist quien nació en 1891 en el seno de una familia campesina de la provincia de Småland. Sus padres eran de educación tradicionalista, con profundas bases religiosas en la fe cristiana. De 1910 a 1912 estudia arte y literatura en la Universidad de Upsala. Su interés hacia el arte lo llevan a viajar a París, donde  conoce el movimiento cubista y expresionista. Durante la Primera Guerra Mundial, vivió en Dinamarca; allí escribió su primera obra teatral en 1917, llamada El último ser humano, así como Angustia, libro de poesía fuertemente inspirado en la guerra. A su regreso a Suecia, en 1919 se convierte en crítico de teatro en Estocolmo, donde escribe numerosos ensayos en prensa. Al mismo tiempo, continúa su obra literaria, que le acarrearía una gran aceptación entre el público y una no menor influencia en la literatura de su país. En 1940 sería llamado como miembro de la Academia Sueca. Ese mismo año recibe el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Gotemburgo, y en 1951 gana el Premio Nobel de Literatura.


Nunca te olvidaré, oh vida
después de la noche en que me agarraste del cuello

Yo era joven,
tenía el cuerpo granulado y crudo.

¡Aprisionaste con rudeza mi cuello!

¡Cuánto no soñé esa noche en el rincón de la cama
sobre una vida en lo profundo de la oquedad!
Lleno de angustia entre la gente iría
siempre con tu mano alrededor del cuello.

Querías ahorcarme.
Solo palabras roncas,
solo palabras roncas saldrían
de mis labios. Con tierra, con tierra
querías espesar mi sangre.

Me vi viendo
torpe y pesadamente
y presintiendo los profundos destinos;
hacia la oscuridad brotó mi sangre prontamente…
Entonces soltaste mi cuello.

Nunca te olvidaré, oh vida
después de la noche en que me agarraste del cuello.